Hoy la movilidad está cambiando, ya ha cambiado.
Las vías se comparten hoy con vehículos que hace unos años tenían una presencia mucho menor o ni existían. Y cuando cambia la movilidad, la forma de conducir necesita cambiar, para que todos podamos convivir con seguridad.
La nueva Ley de Tráfico recoge esa evolución y es especialmente importante para quien se desplaza siempre en el mismo tipo de vehículo: invita a mirar la carretera desde la perspectiva del otro, a entender qué ve, qué necesita y cómo puede reaccionar.
En 2024, 907 personas fallecieron como peatones, ciclistas, usuarios de VMP y motoristas: el 51% del total por accidentes de tráfico. Detrás de esa cifra hay personas que comparten nuestros trayectos, a veces durante unos pocos segundos.
Vas a girar. Miras el retrovisor, no ves a nadie y sigues. Pero una bicicleta continúa recta, justo por ese ángulo que no has llegado a comprobar.
Son situaciones cotidianas: abrir la puerta de un coche aparcado cuando se acerca una bici, circular detrás de un ciclista o llegar a un paso de peatones cuando alguien cruza en patinete. La nueva reforma del Reglamento General de Circulación, en vigor desde el 1 de octubre de 2026, refuerza la protección de las personas usuarias vulnerables y sitúa a las personas y sus entornos en el centro de la movilidad.
Para entender al otro, primero hay que darle espacio
Una bicicleta necesita margen para mantener el equilibrio, esquivar un bache o reaccionar ante algo inesperado. Un patinete también puede desviarse para evitar un obstáculo. Si circulamos demasiado cerca, reducimos el espacio que tienen para maniobrar y el tiempo que tenemos nosotros para reaccionar.
Al seguir a una bicicleta o a un VMP, deja una separación amplia. Como referencia preventiva, puedes utilizar la regla de los cuatro segundos; en ciudad, además, la norma establece que los vehículos a motor mantengan al menos cinco metros respecto a la bicicleta que les precede.
Antes de girar o cambiar de carril, revisa los retrovisores —cada cinco segundos con tráfico denso y cada quince con tráfico ligero— y gira ligeramente la cabeza para comprobar el ángulo muerto. Si vas a adelantar a una bicicleta en carretera, deja al menos 1,5 metros de separación; en determinados casos, la norma exige cambiar completamente de carril.
Y si has aparcado, antes de abrir la puerta mira hacia atrás. Abrirla con la mano más alejada —la conocida como apertura holandesa— hace que gires el cuerpo y facilita que compruebes si se acerca alguien.
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Siempre que es posible trabajamos en tráfico real, con el propio vehículo del conductor o con vehículos similares a los que utiliza habitualmente y en recorridos próximos a su realidad profesional.
Los últimos metros también forman parte del trayecto
La entrada al trabajo puede concentrar varios riesgos en poco espacio: coches que maniobran para aparcar, bicicletas que continúan por la calzada, peatones que cruzan y vehículos de reparto o camiones que entran o salen.
En esos metros, reducir la velocidad, evitar maniobras bruscas y mirar antes de avanzar puede ser decisivo. Si conduces, piensa también en lo que quizá no ves desde el vehículo: alguien que aparece entre coches aparcados, una bicicleta que sigue recta mientras tú giras o una persona que necesita más tiempo para cruzar.
Si llegas en bicicleta o en VMP, hazte visible, señaliza tus movimientos y evita situarte en los ángulos muertos. Y recuerda que para cruzar un paso de peatones con un patinete hay que bajarse y hacerlo a pie.
Desde PRL, estos accesos pueden ser una buena oportunidad para hablar de situaciones reales: ¿por dónde llegan las personas?, ¿dónde se cruzan los distintos modos de transporte?, ¿qué puntos generan dudas o maniobras inesperadas? Observar el entorno ayuda a que los mensajes preventivos respondan a lo que la plantilla vive cada día.
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No tener la culpa no te protege del golpe
En un siniestro, determinar quién tenía prioridad o quién incumplió una norma es importante. Pero no evita el impacto ni sus consecuencias físicas, emocionales y laborales. Tener razón no siempre evita las consecuencias
Por eso, la prevención no consiste solo en actuar correctamente cuando el peligro ya está delante. También consiste en anticiparlo: dejar espacio, moderar la velocidad, comprobar antes de girar y no dar por hecho que la otra persona nos ha visto.
A veces se dice que ciclistas y usuarios de patinetes “hacen lo que quieren”, o que actúan como peatones o como vehículos según les conviene. Puede haber conductas arriesgadas, como las hay en cualquier modo de transporte. Pero etiquetar al otro no nos ayuda a prever qué puede hacer ni a evitar el riesgo.
La nueva ley, una invitación a cambiar de perspectiva
La nueva norma establece obligaciones y recuerda que la vía es un espacio compartido. También puede ayudarnos a dar un paso más: dejar de mirar el trayecto únicamente desde nuestro vehículo y preguntarnos cómo se ve desde el otro lado.
¿Qué ve quien circula en bicicleta cuando un coche se aproxima por detrás? ¿Qué margen tiene una persona en patinete para evitar un obstáculo? ¿Qué puede hacer un peatón al cruzar la entrada de una empresa?
Cambiar la perspectiva no sustituye a cumplir las normas. Nos ayuda a comprender mejor por qué son necesarias y a actuar antes de que aparezca el peligro.
La ley puede ayudarnos a mirar de otra manera. La prevención empieza cuando usamos esa mirada para cuidar también del otro.

