Cada año, cientos de empresas celebran su Safety Day —o Día de la Seguridad— con la esperanza de reforzar su cultura preventiva y activar comportamientos más seguros. Sin embargo, no todas las jornadas consiguen el efecto esperado. Algunas generan entusiasmo y conversación… mientras que otras pasan sin pena ni gloria.
La diferencia no está en el presupuesto ni en la buena intención. La diferencia está en el diseño de la experiencia.

