y cómo evitarlos para generar impacto real
Cada año, cientos de empresas celebran su Safety Day —o Día de la Seguridad— con la esperanza de reforzar su cultura preventiva y activar comportamientos más seguros. Sin embargo, no todas las jornadas consiguen el efecto esperado. Algunas generan entusiasmo y conversación… mientras que otras pasan sin pena ni gloria.
La diferencia no está en el presupuesto ni en la buena intención. La diferencia está en el diseño de la experiencia.
Después de más de 20 años acompañando a organizaciones de múltiples sectores, hemos identificado los 7 errores que más limitan el impacto de un Safety Day y que, afortunadamente, tienen solución. Vamos a verlos con detalle.
1. Convertir el Safety Day en “más de lo mismo”
Uno de los errores más comunes es plantear el Safety Day como una formación adicional, estructurada como cualquier charla o presentación que ya han recibido los empleados durante el año. Si la jornada se percibe como “otra sesión más”, la atención baja incluso antes de empezar.
Las personas no necesitan más diapositivas. Necesitan vivir la prevención, no escucharla.
Cuando la jornada mantiene los mismos formatos expositivos, el cerebro se sitúa en modo “ya sé de qué va esto”. Y ahí es cuando el impacto se disuelve antes de arrancar.
El Safety Day debe romper expectativas:
dinámica, participación, experiencias y un toque de diversión que haga que la gente entre con ganas.
2. Diseñar actividades sin narrativa ni propósito
Muchas empresas eligen actividades porque “gustan”, porque “funcionan bien en otras empresas” o porque estaban disponibles. Pero un Safety Day no se construye como un menú, sino como una historia.
Cada actividad debe responder a una pregunta clara: ¿qué queremos que ocurra después en el día a día? Sin narrativa, la jornada se convierte en una sucesión de ejercicios aislados. Con narrativa, cada parte refuerza a la anterior y prepara a la siguiente.
Un Safety Day eficaz es una experiencia con sentido, donde cada pieza del puzzle aporta algo al conjunto.
3. Hablar de seguridad sin trabajar el comportamiento
Un Safety Day que se limita a transmitir información puede ser correcto, pero no transformador.
Las personas no fallan por desconocimiento: fallan por cómo toman decisiones en situaciones reales.
El comportamiento está influido por:
automatismos, carga mental, estrés, sesgos, límites de atención, hábitos arraigados.
Si el Safety Day no trabaja estos elementos de forma práctica, el impacto será anecdótico.
No basta con “explicar” el riesgo: hay que hacerlo vivible.
4. Olvidar el factor emocional y el papel de la diversión
Durante años, hablar de “diversión” en prevención parecía arriesgado. Sin embargo, cuando el juego se utiliza con rigor y propósito, se convierte en una herramienta pedagógica potentísima.
La diversión:
activa la atención, facilita la memoria, rompe resistencias, genera implicación, y permite experimentar sin riesgo real.
Un Safety Day demasiado serio puede ser técnicamente correcto… y emocionalmente irrelevante.
Un Safety Day con dinámicas vivenciales, retos, decisiones y elementos lúdicos (bien diseñados) genera recuerdos, y lo que se recuerda es lo que transforma comportamientos.
5. No adaptar el Safety Day a la realidad de la empresa
Cada empresa tiene turnos, ritmos, equipos, procesos, riesgos y culturas distintas. Aun así, muchas jornadas se diseñan como si todas fueran iguales. El Safety Day debe poder responder a preguntas como:
¿qué comportamientos críticos queremos reforzar?
¿qué situaciones reales generan incidentes o desvíos?
¿qué barreras culturales encontramos en los equipos?
¿qué mensajes deben permanecer después de la jornada?
Si la jornada no encaja en la empresa, la empresa no encaja en la jornada. Y entonces el impacto se pierde.
6. Actividades demasiado largas o demasiada gente por grupo
Este es un error operativo que condiciona muchísimo la calidad de la experiencia. Un grupo demasiado grande reduce la participación real. Un taller demasiado largo agota y dispersa.
El formato óptimo para mantener atención y dinamismo suele ser: duración de 1–2 horas, grupos reducidos de 8–15 personas y actividades prácticas y participativas.
Este formato no solo hace que el Safety Day funcione mejor: hace que la empresa pueda integrarlo sin interferencias.
7. Pensar que el Safety Day se diseña eligiendo actividades
Este es, quizá, el error más extendido. Un Safety Day eficaz no se elige: se diseña como un puzzle preventivo. Cada actividad es una pieza con una función concreta: reforzar un valor, entrenar una conducta, experimentar un riesgo, mejorar la atención, modular el estrés, etc.
Lo que marca la diferencia no es la pieza en sí, sino cómo encaja con las demás y con los objetivos de la empresa. Un Safety Day improvisado puede entretener. Un Safety Day diseñado con criterio puede transformar.
Entonces… ¿qué hace que un Safety Day funcione de verdad?
Tres cosas:
1. Que sea vivencial: Lo que se experimenta se recuerda. Lo que se recuerda, se aplica.
2. Que active comportamientos: No se trata de informar, sino de generar movimientos internos: atención, regulación emocional, toma de decisiones, conversación preventiva.
3. Que esté diseñado a medida: Un Safety Day genérico es un evento. Un Safety Day personalizado es una herramienta cultural.
Conclusión
Los Safety Days tienen un potencial enorme para reforzar la cultura preventiva. Pero ese potencial solo se activa cuando la jornada se diseña con criterios claros: experiencia, emoción, diversión con sentido, rigor, y conexión con la realidad de la empresa.
