Obligaciones, plazos y la parte que nadie cuenta sobre cómo hacer realmente un Plan de Movilidad
La nueva Ley de Movilidad Sostenible ya es una realidad. Está publicada, tiene fechas, tiene artículos concretos y, sobre todo, tiene consecuencias directas.
Cientos de empresas que llevan años mirando la movilidad laboral como un territorio difuso: importante, sí, pero siempre un poco fuera de su control. Ahora ya no. La ley convierte ese “espacio gris” en un mandato claro, con un plazo concreto y con obligaciones que afectan de lleno a la seguridad de las personas trabajadoras.
Desde la perspectiva de la prevención de riesgos laborales, el asunto no consiste solo en cumplir. Consiste en entender qué exige la ley, qué implica realmente elaborar un Plan de Movilidad Sostenible al Trabajo, y por qué este documento —mal planteado o bien planteado— puede marcar la diferencia entre una prevención que reacciona y otra que se anticipa.
A qué obliga la Ley de Movilidad Sostenible…
y lo qué de verdad significa ese “obliga”
Las obligaciones están escritas de forma sencilla: todas las empresas con más de 200 personas por centro de trabajo, o más de 100 por turno, deberán contar con un plan de movilidad para ese centro.
No iniciado, no en borrador: terminado, aprobado y operativo.
El plazo tampoco admite dudas: 24 meses desde la entrada en vigor. Traducido: antes del 13 de noviembre de 2027, ese plan tiene que existir y funcionar.
El artículo 26 detalla el contenido mínimo. Un diagnóstico serio, no un formulario. Datos reales sobre cómo se desplaza la plantilla: de dónde vienen, cómo llegan, en qué medios, en qué horarios, qué riesgos encuentran al acceder al centro. Y después, un conjunto de medidas de movilidad sostenible y segura: transporte público, coche compartido, electrificación, cambios de horario, mejoras de acceso. Todo ello con indicadores de seguimiento.
Hasta aquí, la parte evidente. Pero lo que raramente se dice es que cumplir los puntos del Plan de Movilidad exige un trabajo técnico complejo que forma parte del día a día preventivo… aunque muchas empresas nunca lo hayan abordado así.
Qué ocurre cuando uno se pone a hacer un Plan de Movilidad de verdad
Un Plan de Movilidad no es un PDF, es un proceso. Y ese proceso, sí o sí, pasa por algunas etapas que van a determinar si acabará sirviedo para aportar utilidad a la empresa y no únicamente cumplir con la ley.
El diagnóstico es el primer muro: recoger datos reales, no intuiciones; cruzarlos; entender patrones; identificar puntos críticos. Cualquier técnico de PRL sabe que, sin apoyo experto o metodología contrastada, este paso se convierte en un laberinto de datos incompletos.
Luego viene la definición de medidas. En el BOE parece sencillo; en la realidad, no lo es. Implementar, por ejemplo, entradas escalonadas, reorganizar turnos o activar movilidad activa implica decisiones que atraviesan recursos humanos, producción, mantenimiento y dirección. Aquí es donde la experiencia en comportamientos seguros y en cultura preventiva marca la diferencia: se trata de cambios que requieren liderazgo, no solo instrucciones.
El diseño del plan —asignar responsabilidades, fijar indicadores, integrarlo con el sistema preventivo— es otra etapa crítica. Y si hablamos de implantación, hablamos de comunicar, formar, revisar accesos, coordinar con ayuntamientos, ajustar espacios de aparcamiento. Nada de esto aparece en la ley, pero sin esto el plan no funciona.
Y queda lo más incómodo: el seguimiento. Medir resultados, ajustar medidas, decidir qué funciona y qué no. Una parte que muchas empresas pasan por alto… justo la que marca la diferencia entre cumplir y mejorar.
Todo este proceso es el que llevamos años desarrollando desde Prevensis en nuestra metodología de trabajo en movilidad: diagnóstico, diseño, implantación, formación y seguimiento. Pero no es una cuestión de “servicios”, sino de realidad: si estas fases no se hacen bien, el plan no sirve.
Qué implica para la prevención:
ampliar la mirada más allá del centro de trabajo
La ley obliga a hacer planes, pero la prevención obliga a algo más ambicioso: ampliar el perímetro del riesgo. Porque un accidente in itinere ocurre lejos de la oficina, sí, pero no ocurre lejos de la responsabilidad preventiva.
Incorporar el Plan de Movilidad del centro de trabajo en el Plan de Prevención de la empresa no es un trámite. Es asumir que la seguridad empieza mucho antes del torno y termina mucho después. Significa analizar rutas, identificar exposiciones reales, trabajar comportamientos, anticipar riesgos. Y, sobre todo, significa liderazgo. Ninguna medida de movilidad funciona si no hay mandos que la apoyen y la hagan parte del día a día.
Aquí es donde la cultura preventiva se pone a prueba. Las empresas que entienden la movilidad como una extensión natural de la prevención son las que consiguen mejorar la seguridad vial laboral de forma tangible. Las que la tratan como un expediente más… no.
Por qué empezar ya, aunque el plazo parece lejano
Sí, el plazo legal es noviembre de 2027. Pero en realidad, no queda tanto tiempo.
Un plan de movilidad exige datos, decisiones, negociaciones internas, comunicación, implantación y seguimiento. No se improvisa en tres meses.
Pero hay algo más importante que el calendario: la oportunidad. La movilidad, por primera vez en mucho tiempo, se ha convertido en un espacio donde la empresa puede anticiparse, reducir accidentes, mejorar hábitos y reforzar su liderazgo preventivo.
Y aquí sí hablamos de lo que llevamos dos décadas haciendo desde Prevensis: acompañar a organizaciones en diagnósticos, formación de mandos, implantación de medidas, gestión del cambio y seguimiento continuo. No porque la ley lo pida, sino porque funciona.
Conclusión:
La Ley de Movilidad Sostenible es una oportunidad para que las empresas den un paso adelante y entiendan la movilidad como parte esencial de su estrategia preventiva.
Un buen Plan de Movilidad permite reducir accidentes, mejorar la experiencia de las personas trabajadoras y avanzar hacia una cultura más madura y anticipativa.
Las organizaciones que aprovechen este momento con decisiones basadas en datos, conseguirán hábitos más seguros y una plantilla que se desplaza, cada día, de forma más saludable y sostenible.
Si quieres transformar esta exigencia legal en un motor real de mejora, podemos guiarte.
